Ya llevamos varios días de lluvia incesante. Debajo de la cortina de agua miramos como cae y descubrimos que a los charcos se los lleva el desagüe. Andamos cabizbajos. Nos resignamos ante esta incomodidad, y nos preguntamos cuándo volverá el sol. Nos refugiamos en nuestras casas. Nada parece ocurrir que nos llame la atención. Todo es previsible, es nuestra actitud...
Miles y miles de jóvenes han vendido su alma al primer diablillo que ha cruzado por la esquina. Jóvenes que envejecen sin dolor, viendo las mismas grietas amarillentas de la pared con las que fantaseaban antes de acostarse en sus primeros años. Mirada atravesada por el WIFI. No hay nada fuera, no hay trabajo, sólo gastos, para qué salir... El mundo es un conjunto de circunstancias previsibles, decepciones esperadas. Todo es lo mismo, las caras son idénticas, las personas ya no lo son. Para salir cabe disfrazarse, tatuarse, adoptar este o aquel look.
La aventura se nos ha negado. Exceso de desinformación, nuestro preciado pienso ¡Alguien nuevo asoma por la ventana! Qué pena..., sólo viene a recitar la última estupidez de televisión. ¡Otro humanoide se acerca a la ventana! Vaya..., no sabía que podía descargar una película en mi teléfono móvil. ¿Alguien quiere acompañarme a la cola del paro?, esto sí que es una verdadera aventura sociológica. Coño, ¡Obama ya es premio Nobel! Pero ya no sé en qué día vivo...
jueves, 22 de octubre de 2009
lunes, 12 de octubre de 2009
Madrid
Madrid es para este catalán una imagen borrosa, una historia ajena, un recuerdo de infancia. La mezcla de esta presencia onírica y las sólidas paredes de la capital, fuerza centrípeta y calles con solera, me seduce e inquieta. Una mirada desde el balcón a una gran avenida descubre la madurez sobrevenida a mi excitación natural, per son ojos cansados deseando reponerse. Madrid ya no es 2016, nunca parece haber surgido de un estudio de mercadotecnia. Detrás del maquillaje asoma su rostro, el de una piedra tallada con un cincel intemporal: carácter y eternidad. Frente a él, el mío contempla su perfil, pero desea darle la vuelta a estos ojos.
viernes, 2 de octubre de 2009
El renacer de Casandra
Casandra oyó las campanas y se despertó. No había podido dormir, aunque su bebé recién nacido era una bendición de la vida. Una vida que ahora sentía plena, apartada en medio de la campiña: aquélla era la promesa renovada de la existencia. Corría la cortina y deshacía el movimiento, acariciaba la luz a través del cristal de la ventana. Casandra quería gozar de este sueño que por fin era real, que la ataba por siempre jamás al destino terrenal. Ahora su bebé dormía plácidamente, soñaba inconsciente, ajeno a la carga vital que las entrañas de su madre habían vomitado antaño y que ahora parecían flotar sobre el cosmos. Su madre nunca había presentido su llegada, pero en el vacío las estrellas se conmueven y acaban por explotar. He aquí que Casandra tuvo un hijo, he aquí una partida que parecía perdida y que no ha hecho más que empezar...
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