viernes, 2 de octubre de 2009

El renacer de Casandra

Casandra oyó las campanas y se despertó. No había podido dormir, aunque su bebé recién nacido era una bendición de la vida. Una vida que ahora sentía plena, apartada en medio de la campiña: aquélla era la promesa renovada de la existencia. Corría la cortina y deshacía el movimiento, acariciaba la luz a través del cristal de la ventana. Casandra quería gozar de este sueño que por fin era real, que la ataba por siempre jamás al destino terrenal. Ahora su bebé dormía plácidamente, soñaba inconsciente, ajeno a la carga vital que las entrañas de su madre habían vomitado antaño y que ahora parecían flotar sobre el cosmos. Su madre nunca había presentido su llegada, pero en el vacío las estrellas se conmueven y acaban por explotar. He aquí que Casandra tuvo un hijo, he aquí una partida que parecía perdida y que no ha hecho más que empezar...

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