jueves, 22 de octubre de 2009

La soledad del otoño

Ya llevamos varios días de lluvia incesante. Debajo de la cortina de agua miramos como cae y descubrimos que a los charcos se los lleva el desagüe. Andamos cabizbajos. Nos resignamos ante esta incomodidad, y nos preguntamos cuándo volverá el sol. Nos refugiamos en nuestras casas. Nada parece ocurrir que nos llame la atención. Todo es previsible, es nuestra actitud...

Miles y miles de jóvenes han vendido su alma al primer diablillo que ha cruzado por la esquina. Jóvenes que envejecen sin dolor, viendo las mismas grietas amarillentas de la pared con las que fantaseaban antes de acostarse en sus primeros años. Mirada atravesada por el WIFI. No hay nada fuera, no hay trabajo, sólo gastos, para qué salir... El mundo es un conjunto de circunstancias previsibles, decepciones esperadas. Todo es lo mismo, las caras son idénticas, las personas ya no lo son. Para salir cabe disfrazarse, tatuarse, adoptar este o aquel look.

La aventura se nos ha negado. Exceso de desinformación, nuestro preciado pienso ¡Alguien nuevo asoma por la ventana! Qué pena..., sólo viene a recitar la última estupidez de televisión. ¡Otro humanoide se acerca a la ventana! Vaya..., no sabía que podía descargar una película en mi teléfono móvil. ¿Alguien quiere acompañarme a la cola del paro?, esto sí que es una verdadera aventura sociológica. Coño, ¡Obama ya es premio Nobel! Pero ya no sé en qué día vivo...

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