Todos tenemos una pequeña responsabilidad dentro de nuestro espacio, del lugar privilegiado en el que estamos situados. Y es haciendo uso de la misma que contribuimos, en la medida de lo posible, a hacer de esta sociedad nuestra algo un poquito mejor para todos.
Partimos, obviamente, de unas condiciones de posibilidad que nos permiten juzgar, opinar, indagar… no en todos los lugares del mundo tienen este privilegio. En países bajo régimenes tiránicos, en lugares dónde el hambre es quien marca la agenda del día, en estados amenazados por guerras y constantes altercados que amenazan lo más preciado del ser humano, allí pocos son capaces de salir de ellos mismos porque realmente no pueden. Debemos reconocer primeramente que en nuestro Estado de derecho, en nuestra adolescente democracia, hayamos un espacio que nos permite ir más allá de nosotros mismos y de nuestras imperantes necesidades como seres humanos. Es por ello que a la vez tenemos indudablemente, almenos para mi, una serie de responsabilidades. Responsabilidad subyacente a las condiciones de las que partimos y que, aunque sea de modo inconsciente, agradecemos. No se trata de algo metafísico, ni siquiera moral… simplemente puede verse como un modo hobbesiano de evitar el vivir en el perpetuo peligro de que acontezca una guerra de todos contra todos (bellum erga omnes). Evitar perder los privilegios que nuestra sociedad nos ofrece y que en otras épocas o lugares observamos que no se dan. Cuestiones simples que han costado la sangre y la reflexión de muchos permitiéndonos hoy simplemente: vivir. Qué no es poca cosa.
El mero ir por la calle tranquilamente, el poder opinar y juzgar, la posibilidad de comer cada día y decidir en que emplear el tiempo libre, la opción de estudiar y leer, de formarse y trabajar, el poder compartir con los nuestros, el poder viajar a bajo coste y conocer, el encontrar profesionales que nos solucionen, o lo intenten por lo menos, diversas cuestiones, el placer de podernos tomar una cervecita y unas bravas en una terraza soleada de un domingo cualquiera por la mañana, todo ello es algo que tenemos hoy pero que puede desaparecer. De hecho aunque a muchos nos parezca algo eterno, y verdaderamente desde que muchos nacimos allí estaba, es ingenúo y estúpido creer que es immutable. Costó mucho esfurzo lograrlo, y puede diluirse más rápido de lo que tardó en aparecer.
En este sentido me permito hablar de responsabilidad. De deber personal de cada uno de luchar por lo poco, que entre los individuos que aquí estamos, podemos tener en común. Cada uno desde su ideología, desde su perspectiva, pero aceptando los mínimos que no queremos que nos quiten y luchando por crear entre todos, día a día, este lugar común del que partimos. Sinceramente desde el lugar personal, desde el espacio conocido en el que uno se encuentre. Desde allí estamos obligados a no quedarnos en la comodidad de lo que nos viene dado, a no aceptar sin premisas lo que el estado, el poder, la sociedad…parece que dictamina como bueno.
Estamos llamados a cuestionarnos, a preguntarnos, a no dejar que nos duerman bajo la dulzura de la comodidad, porque si así fuera, ésta acabaría pereciendo paulatinamente, y cuando despertáramos de tan largo letargo sería ya demasiado tarde… poseemos las armas, la educación, la situación… y probablemente es aquello que nos sobra lo que acaba tapándonos los ojos y nos evita ir más allá de nosotros mismos. Comodidad, confort, pasotismo, individualismo, consumir sin medida, cansancio por el exceso de todo… sociedad puré…sociedad que no sabe, debido a la saturación y a la falta de lucha, ni siquiera que quiere, ni siquiera que tiene… es posible que tanta verborrea, que tanta información absurda entelen nuestros ojos y no nos permitan ver realmente lo que sucede alrededor, que nos quiten las fuerzas de seguir, que nos desesperen…pese a todo ello, es necesario coger de nuevo aire, salir hacia delante, romper con la impotencia que se siente, gritar, berrear y crear en positivo. Ir, ver, sentir, juzgar, creernos capaces de opinar, de pensar, en definitiva: de vivir. Sentirnos libres para indagar en nuestro campo, con nuestras posibilidades y erramientas, lo que sucede, y desde ahí criticar y proponer. La persona es buena, pero también deja de serlo con premura. Es honrada y corrupta, según se tercie. Por ello no podemos dejarlo todo en manos de políticos, jueces, policías… no podemos ni debemos dejar nuestra vida en manos de nadie , no porque sean malas personas o intenten manipularnos como primera prioridad en su vida, quiero creer que no es así, sino porque no dejan de ser seres humanos, con sus más y con sus menos, y necesitan un control. Un control que debe ostentar la sociedad civil a la cual ellos tienen la obligación de servir. Es esta misma quien tiene el derecho y el deber de exigir, de cuestionar y de pedir explicaciones. Burocracia, inaccesibilidad, obstáculos intermedios…todo ello se da por supuesto, y todo ello cansa, agota… pero contra esto: personas que se salen de si mismas y construyen en positivo. Gente que toma las riendas del lugar dónde ha nacido y lucha por que día a día las cosas sean un poquito más justas, más transparentes, más humanas. Personas que hacen uso de esta responsabilidad que viene dada por lo que ostentamos, o que necesitamos que exista para seguir manteniéndolo. Seres que no viven en una eterna queja, sino que deciden arremangarse y ver que se puede hacer con todo ello, que se preguntan que se puede solucionar de tanta historia.
Por VIC
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